Chubut

Puerto Madryn

 

Buscando un desierto, un lugar tranquilo en donde tirar las anclas. Así llegaron los galeses tentados por el sueño de una tierra similar a la suya pero más libre, más llena de misterios, más abierta a cualquier transformación. Según los historiadores, en principio fueron 28 familias que desembarcaron en lo que hoy conocemos como Puerto Madryn. Vivieron en cuevas durante los primeros meses, cuevas que aún se conservan junto a la playa. Allí y así fueron levantando casitas, diseñando calles, generando urbanidad en el corazón de aquel páramo.

En 1865 se fundó la ciudad. Hoy aquellas marcas de origen pueden verse por ejemplo en el Antiguo Hotel y en la Casa de la Cultura. La vieja estación del ferrocarril patagónico y el llamado Chalet Pujol, que fue construido hacia 1917 y hoy ha sido transformado en museo oceanográfico, son considerados dignos representantes de ese estilo que llegó desde las tierras nórdicas europeas.

Es ya vox pópuli. Los galeses fueron los que mejor trato tuvieron con los habitantes originarios de la zona, fueron incluso quienes en aquella época le mandaron cartas al general Roca pidiéndole que no avance con su esquizofrénica campaña. Este grupo de europeos con ansias de paz había generado una situación de intercambio y convivencia pacífica y amistosa con los nativos de la zona; un tipo de relación que nunca antes se había visto en ese país que se construía a fuerza de destrucción. El General, claro, arrasó con todo lo que se puso ante su paso y las cartas de los galeses quedaron para alimentar algún fuego de tarde fría.

Puerto Madryn con los años se fue convirtiendo en una ciudad más cosmopolita, a su modo. Quizás por eso, algunos grupos de galeses inclinados a mantener sus características culturales lo más intactas posibles, se fueron mudando hacia Gaiman, un poco más al sur del mundo. En la provincia de Chubut, a 1400 km. de la Ciudad de Buenos Aires surge una comarca que combina lugares y escenarios para la actividad deportiva y la contemplación. Tres kilómetros de playas con servicios de primer nivel sirven de marco a una ciudad moderna con una importante planta turística con hoteles, hosterías y cabañas de primer nivel.

La ciudad, puerta de entrada a la Península de Valdéz, ofrece un amplio abanico de opciones para grandes y chicos también durante el verano: buceo, safaris paleontológicos, caminatas interpretativas, avistaje de delfines, trekking, turismo de estancias, paseos náuticos, snorkelling, , travesías en 4x4, pesca, circuitos históricos, museos y centros de interpretación. Los establecimientos gastronómicos permiten degustar los típicos platos regionales: mariscos, pescados y el codiciado cordero patagónico. El esparcimiento se completa con amplias y modernas salas de cine y teatro, el Casino, el Bingo y su variedad de discos, pubs y confiterías.

El paisaje y el clima

La característica de la región es el contraste entre lo agreste de la meseta patagónica, con sus tonos verdes amarronados y pardos, y el verde-azul del mar que se ve a los pies de los grandes acantilados que marcan el último de los escalones de la meseta. A partir de allí, las playas de suaves pendientes de arena y grava se internan poco a poco en el mar. En los meses de verano hace mucho calor durante el día, con temperaturas que pueden llegar a los 40 grados centígrados, pero siempre refresca por las noches, por lo que no hay que olvidar llevar una campera, buzo o pullover. Recuerde que cuanto más se acerque al círculo polar de la Antártida menor es la protección de la capa de ozono, por lo que los efectos dañinos del sol se hacen sentir más.

 Paseos y actividades acuáticas

Otra de las formas de descubrir Puerto Madryn es a través de sus aguas calmas y transparentes y su variada fauna. La pequeñez del Golfo Nuevo se agiganta ante la mirada del turista que lo disfruta en un paseo náutico a lo largo de su costa a bordo de catamaranes, veleros o lanchas que ofrecen la posibilidad de avistar aves, delfines y lobos marinos. Los vientos patagónicos resultan ideales para los amantes del windsurf: hay días en que sopla a velocidades superiores los 20 nudos, marca por demás ideal para la práctica de esta disciplina deportiva.

Para los amantes de la aventura, las regiones de Madryn y Pirámides poseen médanos vírgenes con las pendientes necesarias para practicar sandboard, (surf en la arena) deporte nacido del snowboard que cuenta con numerosos cultores en la región patagónica. Sus torneos de slalom y freestyle son reconocidos mundialmente. En las casas de la zona, a precios muy accesibles, se alquilan y venden tablas para surfear las arenas patagónicas

Té en Gaiman

Hoy Colonia Gaiman se desprende de su tarde y se abraza la noche con esas niñas atareadas, mareadas de tantas bandejas que cargan chocolate. Chocolate caliente que cae en tazas de barro y calientan el estómago y los ánimos. Son varios los galeses que han optado por la expresión de su singularidad cultural como medio de subsistencia y así han ido abriendo algunas casas de té, chocolate y tortas a granel. La idea es entrar y pensarse en algún rincón de aquella Europa más ligada a ciertos tradicionalismos bonitos. Entonces, claro, uno casi no lo puede entender pero el traslado es instantáneo. Las paredes son de madera, lo mismo las mesas, las sillas y hasta el cielo raso. Una calidez que se respira y risas, risas suaves, casi tímidas que llegan desde la cocina. Después, de a poco y casi en fila irán apareciendo las niñas, con sus cofias blancas preciosas sosteniendo sus cabelleras rubias, pero sin ocultar el sonrojar de las mejillas. Un vestido al tono y un delantal que las cubre. Acomodan el pan tostado y las mermeladas de ciruela sobre los manteles escoceses, al tiempo que el oscuro té galés humea desde las vasijas de porcelana.
Gaiman es como una gran casa de té, callecitas arboladas de pinos, el viento del sur que se cuela y suele llegar profundo y esa tibieza emocional que parte de cada mueca feliz de los lugareños. Nada más vivir la atmósfera, sentarse a esperar que el tiempo pase a su ritmo. Lento, como pasa en Gaiman.

De Pingüineras

Pingüinos a cada paso. Ese que se mete entre las ruedas del coche y el otro que espía debajo de la escalera. Después, llegando por el camino principal; una familia, altanera como si nadie estuviese a la altura de sus circunstancias. Y claro, algo de cierto hay. Es tierra propia, de ellos, de sus tiempos de inmigrantes con derecho a estancia prolongada, a casas en la tierra, a la procreación continuada, a lo que les plazca. Por algo es reserva. Y es que también, son muchos como para hacerles frente.
En la bahía de Punta Tombo a pocos kilómetros de Trelew y de Gaiman hay más de 500.000 ping|inos. Son una troupe permanente de la especie "magallanes" de unos 50 a 60 cm de estatura, que cada año deciden tener allí su reunión de camaradería. Vale la pena hacerles una visita, y más por lo cerca que uno puede estar de ellos. No tocarlos es buena señal de conciencia. Suele haber ballenas que pululan en los alrededores.

Mas lugares para visitar

El Riacho: Es un poblado en la Península de Valdéz en donde se puede observar con claridad el movimiento de las mareas. Durante la bajante quedan al descubierto kilómetros de arena fina cubierta de mejillones y pequeños animales marinos.
Monumento a San Martín: Villarino era el nombre de la embarcación que trajo de regreso los restos del General San Martín desde Francia. El barco se hundió en la costa de Chubut frente a la Bahía Camarones y los objetos que fueron rescatados del lecho marino en los años setenta se encuentran en exhibición. Informes: Avenida Gales, Boulevard Brown.
Museo de Ciencias Naturales y Oceanográfico: Alberga documentos de la fauna y la flora autóctona, tanto de la que está sobre la tierra como la que vive bajo el agua. Además se proyectan documentales y se realizan visitas guiadas. Informes: Domecq García y José Menendez.
Puerto Pirámides: Es el asentamiento más importante de la Península de Valdéz. Desde allí salen las excursiones para realizar el avistaje de ballenas, la mayor atracción regional. De julio a noviembre cientpos de ballenas y orcas llegan para realizar el apareamiento. Es un espectáculo increíble. El avistaje se puede hacer desde la playa, pero también hay catamaranes y botes que se acercan para apreciar mejor el espectáculo.
Punta La Loma: A unos 17 kilómetros de la ciudad, desde este mirador se puede observar una colonia de lobos marinos que se congrega en una playa poco accesible, encerrada entre acantilados. Además la vista de la costa chubutense es impresionante.
Punta Norte: A 77 kilómetros de Puerto Pirámides, por la ruta tres, se llega hasta la mayor colonia mundial de elefantes marinos. En ninguna parte de la tierra se puede ver tal cantidad de estos mamíferos y por este motivo la provincia de Chubut ha organizado un operativo de protección permanente.