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Desde
la ruta nomás, el verde del valle que rodea a
Trevelin atrapa.
Cercado por la
cordillera chubutense, la entrada a este pequeño poblado
es más
agradable aún. Pintorescas calles, pobladas de
rosedales, y su principal característica: las típicas
casas galesas y su afamado té. Fundada
en la época de la inmigración galesa a la
provincia de Chubut, hace más de 130 años,
Trevelin - "pueblo del molino", en galés-
es uno de los refugios más hermosos de la Patagonia
argentina. La particularidad de este pintoresco
pueblito, enclavado en el Valle 16 de Octubre a 22
km de la Ciudad de Esquel por la Ruta Nacional N°
259 está dada por la mágica fusión entre la
cultura de sus inmigrantes nórdicos con las
costumbres de los indios mapuches, verdaderos
habitantes primitivos del lugar.
Imperdibles
Como
ya se dijo, el principal atractivo de este
pintoresco poblado son sus casas de té. Miles de
visitantes llegan cada año, solamente para meterse
por un día en las costumbres galesas y degustar a
fondo todas las exquisiteces que ofrecen estos
baluartes de la tradición europea. Allí el turista
puede tomarse su tiempo, mientras paladea el té,
prueba la clásica torta negra, panes y scons todos
de manufactura casera, y degusta deliciosos dulces
elaborados con frutos y hierbas de la región. También
puede disfrutar de la decoración delicada y típica
de estas casas. Por supuesto, su enclave natural,
rodeada en las proximidades por exuberantes bosques
de cipreses y lengas, el Río
Futaleufú, los lagos del Parque
Nacional los Alerces, como así también
de la colonia aborigen de Lago Rosario situada junto
al lago del mismo nombre, hacen de esta pequeña
localidad un encantador sitio. En él pueden
hallarse, además, cómodas instalaciones en las que
alojarse, buenos restaurantes y parrillas, y
servicios de turismo dispuestos a acercarle los
mejores atractivos. Desde Trevelin, se puede partir
hacia otros puntos turísticos de la región: el
Parque Nacional Los Alerces, las Cascadas
Nant y Fall, lagos Futalaufquen, Verde y
Menéndez, y el río y represa Futaleufú.
La
marca galesa
Trevelin
debe su nombre a la lengua galesa que se conserva
allí hasta hoy en día: Tre: pueblo, Velin: molino.
Y este significado refleja la actividad a la que se
dedicaron y dedican hoy en día sus habitantes, además
del turismo: la ganadería. Allá por 1885, un contingente de cincuenta familias
galesas llegadas desde la región costera de la
provincia de Chubut, ocuparon uno de los valles más
pintorescos y fértiles de la zona cordillerana, y
continuaron así con uno de sus objetivos propuestos
al abandonar su Gales natal en 1865: preservar sus
tradiciones, su idioma y su religión.
Al cabo de más de un siglo, estos objetivos están
plenamente alcanzados, observándose en la
comunidad, y aún en las generaciones más jóvenes,
la práctica cotidiana del idioma, las costumbres y
también su religión (protestante). El conjunto de
estos rasgos culturales, deja en Trevelin una
impronta que es claramente apreciable en la
arquitectura de algunas viviendas, las antiguas
capillas galesas y las actividades culturales como
los encuentros de coros, y el Eisteddfod,
certamen de poetas que tradicionalmente el pueblo
galés realiza hace varios siglos. Por eso, si bien
Trevelin brinda un acceso interesante al turismo de
aventura y al ecoturismo, es una de las pocas
localidades de la cordillera que, además, puede
brindar un más que interesante atractivo para el
turismo cultural o histórico, ya que la "gesta
Galesa", como se denomina a la migración de
esta colectividad en Chubut, reconoce episodios
dignos de la mejor filmografía. En este Valle 16 de
Octubre, tuvo lugar uno de los hechos determinantes
para la solución de los diferendos limítrofes con
Chile, como fue el Plebiscito
de 1902, en la Escuela 18, donde los
pobladores, siempre en su mayoría galeses, optaron
ante representantes de ambos países y de la Corona
Británica, porque el territorio en que habitaban
perteneciera a la nación Argentina.
Figuras como el Perito Moreno fueron grandes
protagonistas de estos hechos, y en sus escritos
quedaron registradas las certeras predicciones que
realizara sobre el potencial que esta región ofrecía
para el turismo y sus recursos naturales.
Un
tesoro conservado en Chubut
Una
de las más atractivas tradiciones galesas de las
que se puede disfrutar en Esquel y Trevelin es la
ceremonia del Té.
Especialmente preparado en casas que se dedican a
ello, el té forma parte de un itinerario obligado
para quienes visitan esta zona. Lo mismo sucede con
quienes recorren el Valle Inferior del Chubut, donde
se encuentran las localidades de Gaiman y Dolavon.
Durante sus primeros años en Chubut, la Colonia
Galesa vivió períodos de extremas dificultades. El
desierto les retaceaba el agua durante largos períodos,
pero la época de lluvias en la cordillera causaba
inundaciones.
Sólo la solidaridad y buenas relaciones entabladas
los las tribus tehuelches que poblaban la región
permitieron sobrevivir a aquél núcleo de pioneros.
Pero aún en los peores momentos, siempre hubo una
taza de té y un trozo de pan casero.
De hecho, las primeras palabras que los tehuelches
aprendieron fuera de su idioma (y mucho antes que
les fuera impuesto el castellano), fueron
"te" y "bara" ("pan"
en galés).
La relación de los galeses con los tehuelches marca
uno de los escasos ejemplos de convivencia entre los
pueblos de culturas diferentes y sin someterse uno
al otro.
En torno a la ceremonia del té, tenía lugar la
actividad social de la comunidad galesa. Convertidos
a chacareros, las familias tenían oportunidad de
encontrarse sólo cuando se convocaban para el
oficio religioso en alguna de las capillas.
Esa era la oportunidad para discutir además, los
problemas que hubieran surgido en la comunidad y la
solución a posibles diferendos entre vecinos. A
falta de una justicia instituida oficialmente, los
galeses tenían en sus pastorees y ancianos de la
comunidad severos árbitros, y en su capacidad y
costumbre de debate un acendrado ejercicio de la
participación comunitaria en los temas de interés.
Concluido el oficio, religioso, las familias se reunían
en el salón contiguo a la capilla, denominado
"vestry". Allí compartían las tortas,
panes, tartas y dulces caseros elaborados por cada
una y bebían el té mientras intercambiaban las últimas
novedades en materias de nacimientos,
fallecimientos, noviazgos y bodas.
De aquellos momentos, las actuales generaciones de
galeses en Chubut heredaron las mejores tradiciones:
el té, que complementado con exquisitas tartas, se
ofrece hoy como un atractivo más para el visitante,
y la ya tradicional torta negra que merece también
un capítulo aparte.
La
torta negra galesa: surgida para superar los
momentos difíciles
Quienes
visitan Chubut siempre buscan llevarse de recuerdo
una de las tradicionales "torta negra
galesa". Pocos saben, sin embargo, que el
origen de esa torta es netamente chubutense y evoca
uno de los períodos más duros de la colonia galesa
en estas tierras. La escasez de alimentos por las
que reiteradamente debían atravesar aquellos
pioneros, obligó a las mujeres a inventar y
reinventar las formas de hacer rendir los escasos
elementos con los que se contaban y procurar que se
conservaran en el tiempo. Fue así que un grupo de
familias juntaron varios ingredientes que poseían y
la mano sabia de las mujeres fueron mezclando partes
de harina, azúcar negra, nueces y otros
ingredientes por el estilo, dando forma a una torta
cuyas principales características fueron alto
contenido en calorías y una larga posibilidad de
conservación.
Pasados los peores momentos, la torta negra
constituyó siempre un símbolo de tesón,
supervivencia y vocación solidaria. Integrada a la
tradición de la
colonia galesa, durante muchos años, una
torta negra coronaba la torta de bodas. Los novios,
una vez casados y repartido entre sus invitados el
resto de la torta, guardaban la torta negra envuelta
en fino papel dentro de una lata de galletas, y
todos los meses siguientes, conmemoraban la fecha de
su boda compartiendo en la intimidad un trozo de ese
bizcochuelo oscuro, siempre húmedo y de tan
particular sabor, convertido ahora en un símbolo de
esa unión que siempre permitirá superar los
momentos más difíciles.
Un
festival a toda tradición
Durante
el mes de octubre, los galeses de Trevelin celebran
el "Eisteddfod", un festival literario
musical que dura 8 días. El evento está inspirado
en el festival del mismo nombre que se realiza todos
los años en Europa y que constituye el más
importante de música y poesía de todo el
continente en idioma galés. Acá, el Eisteddfod es
una de las más antiguas tradiciones culturales de
la provincia y se celebra en varios pueblos y
ciudades de origen galés, como Trevelin, Trelew y
Gaiman, entre otros. Aunque hay que aclarar que la
participación en los certámenes está abierta a
cualquier persona o grupo que lo desee.
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